20 años, 20 historias: Un comienzo a pura humildad

Seguimos celebrando el último ascenso a Primera, ahora con tres historias que demuestran la sencillez y unión de aquel plantel: los premios, los entrenamientos y el ecuatoriano que apenas jugó 45 minutos.

Por Pablo García

Imagen: Gentileza de Marcos Díaz

• Doble premio: La esperanza es lo último que se pierde. Mucho menos la fe, que no les faltaba a los dirigentes de Los Andes cuando acordaron los premios con el plantel que en principio se había formado para evitar el descenso. “La firma de los premios con los dirigentes es una anécdota bárbara. Nosotros firmamos una plata por salvarnos del descenso y después ellos nos propusieron arreglar por 350.000 pesos en caso de ascender. Nosotros nos miramos y nos reímos, ninguno creía que eso podía ser posible”, había señalado Sebastián Salomón al diario Clarín, cuando en la preparación del equipo, a mediados de 1999, solo le había ganado a un combinado de Chascomús (empató con Vélez y perdió ante Talleres de Escalada, Defensa y Justicia y Brown de Adrogué). “Nosotros nos dimos cuenta de que estábamos para más cuando el equipo llegó a los 42 puntos, que nos habíamos puesto como meta para zafar del descenso. Ahí comprendimos que aquella promesa de premio especial por el ascenso no era una locura”, había dicho Jorge Ginarte en aquel entonces.

 

• Entrenamientos hasta en potreros: El clima de unión y trabajo durante la semana era muy bueno. Con todos los futbolistas viviendo en la misma ciudad, todas las semanas se reunían para comer unos espectaculares asados. Esto fue clave para que no hiciera mella en el rendimiento, voluntad y humildad del grupo que hasta en un fútbol hiper-profesionalizado, no tenía problemas de entrenar en distintos lugares. Un predio en Burzaco, el Parque de Lomas o en un potrero al lado de una química. “Algunas veces entrenábamos en una cancha en el cruce de Oliden y Madrid, entre el bosque y la química. Ahí había un potrero con alambrado, donde pasaba un camino hacia la estación Santa Catalina. No había nada en ese lugar. Entonces nos cambiábamos en cancha de Los Andes e íbamos a entrenar allí en un micro viejo”, comentó Marcos Díaz, uno de los preparadores físicos del equipo. Al Parque de Lomas, contó, los jugadores llegaban corriendo desde el estadio. “Así se formó un grupo impresionante, primero de buenas personas pero también de grandes jugadores”, dijo el profe, quien trabajaba en el estado físico de los futbolistas junto al fallecido Antonio Farano.

 

• Debut y despedida: En aquel inolvidable torneo, Los Andes debutó ante Almagro. Por primera y única vez, ese día un ecuatoriano se calzó la casaca Milrayitas: Alfonso Alfredo Capurro Ruiz. El defensor zurdo que provenía del cálido y tropical Deportivo Cuenca, llegaba a una gélida Buenos Aires con uno de los inviernos más crudos. En José Ingeniero padeció aquella tarde muy fría, a pesar de usar guantes, que los frotó más de una vez en los 45 minutos que apenas estuvo en campo. “En aquella época no se usaba las calzas. Y Capurro tenía tanto frío que usaba dos pantalones, incluso en la concentración, donde teníamos unos de frisa. No se pudo adaptar y extrañaba mucho su país”, comentó Marcos Díaz. Por suerte, el conjunto de Lomas comenzó con el pie derecho y se trajo los tres puntos a Lomas, al ganar 2-1, con un tanto de cabeza del ‘Loco’ Caiafa y un golazo Rubén Ferrer, con un misil de 30 metros que se clavó en un ángulo. Tras ese partido, el ecuatoriano Capurro participó del triunfo de la Reserva (fotografía –el moreno alto de pelo rizado-) por 3-2 contra Deportivo Español en Lomas, en el que también estuvo acompañado por De Sagastizabal, Carreras, Neuspiller y Curieses, entre otros.

En ese equipo de Reserva jugaba Lucas Banegas (al lado del profe Díaz), quien hoy, con 40 años es el único futbolista de aquel plantel que ascendió a Primera que está aún en actividad. Juega en Comunicaciones, club donde es un histórico. Si bien no llegó a debutar con al Milrayitas, el ‘Negro’ ocupó por primera y única vez un lugar en el banco de suplentes justo en la finalísima contra Quilmes. “Tuve la suerte de vivir el ascenso en la cancha. Si bien tenía muchas ganas de entrar, la verdad que ese momento fue un sueño, que al pasar los años se valora mucho más”, dijo a nuestro Sitio Oficial el defensor, que comenzó a jugar en Lomas desde la Cuarta División.

¿Y el ecuatoriano Capurro? Tras el partido preliminar contra el Gallego, armó nuevamente sus valijas y acto seguido rescindió el contrato porque no se pudo adaptar a la Argentina, en especial a su clima.

 

Capítulos anteriores:

20 años, 20 historias: el padre de la criatura

 

Miércoles 3 de Junio de 2020 | Datos y Estadísticas

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