Encuentro de gol

El Sitio Oficial y Leo Romero, nadie más. Una charla íntima con el goleador. Sus inicios en Zárate, las dificultades de elegir entre el fútbol y el trabajo, su paso por Susso, Primera y el desafío de jugar en Los Andes. Todo en la previa de Armenio.

Por Leandro Saltamerenda

Detrás de esos 11 goles en 16 partidos hay una historia. Una historia que queremos compartirla con ustedes. Casi a modo de biografía. ¿Nos crees si te decimos que el jugador que lleva con honores la Nº9 Milrayitas estuvo cerca de dejar el fútbol? Sí muchachos, estuvimos a punto de perdernos un goleador de raza. Un animal del área. Pero Leonardo Romero se la bancó. Sorteó todos los obstáculos que se presentaron en sus primeros pasos como futbolista y hoy acá esta. Disfrutando este presente en Lomas. En el olvido quedaron los días de trabajo y entrenamiento en Zárate, las pruebas que le puso por delante la vida, su paso en falso por Huracán, los dos ciclos en Acassuso, el nuevo desafío llamado Los Andes y tantas cosas más. Por eso, en la previa de este partido con Armenio, a quien Leo lo recuerda “con un bonito gol de tiro libre jugando en Susso”, el goleador se presta a la entrevista con el Sitio Oficial y nos cuenta todas sus intimidades. Una charla a fondo. Un encuentro de gol. Para no perdérselo… 


¿Cómo fueron aquellos inicios de tu carrera en Defensores Unidos de Zárate?
Difíciles, de mucha lucha. Empecé en la D, cobraba poco y cuando nació mi hijo Alexis tuve que salir a trabajar. Era todo a pulmón. Laburar jugar, laburar jugar y todo se me hacía cuesta arriba. Después tuve la posibilidad de irme afuera y todo fue mejorando. Me acuerdo que me fui a probar a Colombia y si bien no pude jugar porque me lesioné, volví al CADU, después pasé a Acassuso en la 06/07 y eso me cambió la vida. Salimos campeones, fui goleador y ahí me concientice que podía vivir de esto.

¿Es verdad que se te cruzó por la cabeza abandonar el fútbol? ¿Te cayó la ficha a tiempo?
Sí, claro. Deje un tiempo porque no podía hacer las dos cosas a la vez. El cuerpo no me daba y al final no hacía ni una ni la otra. Pero valoró mucho el apoyo que me dio mi señora. Si no fuera por ella, que me acompañó en todo momento, ahora estaría trabajando en una fábrica. Así que tuve que tomar una decisión y creo que no me equivoqué. Estar viviendo de lo que te gusta es único.

¿A qué te dedicabas?
Fui ayudante de albañilería, ayudante de cañista, pintaba y hasta estuve un año manejando autoelevadores. Igual, como sabían que jugaba al fútbol, me daban las tareas más livianas.

Por la mañana ibas a la fábrica, por la tarde al entrenamiento. ¿Cómo era entrenarte solo y en forma diferenciada?
Trabajaba de 8 a 17 y en el CADU había arreglado practicar después de las 18. Era todo a las corridas. Iba a mi casa, me cambiaba, tomaba algo rápido y me iba a trotar solo o con algún profe. Pero también reconozco que me cuidaba mucho porque sino era imposible jugar los fines de semana.

Los directivos te entendieron bastante…
Sí, yo les dije a los dirigentes que no podía seguir jugando de esa forma y ellos me dieron una mano. También el técnico me otorgaba cierta libertad y yo cuando podía salía antes y me iba a practicar con los compañeros. Era un sacrificio terrible. Y los sábados, cuando tenía que jugar, me pedía el día en el trabajo y tampoco me decían nada.

¿Quién era técnico en aquel momento?
En esa época estaba Sergio Saucedo, y después tuve al Turco García. Pero en general todos se portaron muy bien conmigo y me daban el privilegio de entrenarme en otro turno.

Si bien CADU era el equipo de tu barrio, ¿el traspaso a Acassuso fue lo mejor que te pasó?
Sí, completamente diferente. Como se dice en el fútbol, en el CADU “jugaba por la camiseta” y ganaba muy poco. Y después entre Alejandro Friedrich, Felipe De la Riva y Pipo Marín, me fueron a buscar y ahí cambió mi vida.

¿Te esperabas adaptarte tan rápido a tu nuevo club?
No, la ver que no. Pasó todo de golpe. Fui a la C y todos me miraban de reojo. Porque es así. Llegas a un equipo superior y dicen “hay que ver si este muchacho hace goles acá”. Pero yo con sacrificio y una pretemporada muy dura, me dí un gusto grande. Ganamos los dos torneos, ascendimos, salí goleador y como premio me fui a Huracán. Así que imagínate. De la C pasar a la Primera, fue maravilloso.

¿Cómo tomaste tu experiencia en Huracán?
Muy positiva. A pesar de que uno se queda con la espina de no haber jugado, compartir plantel con grandes jugadores, como Ubeda, Franzoia, Paolo Golts, Nieto, es muy importante. Me sirvió mucho para aprender y crecer en lo profesional.

Después volviste a Acassuso y al año siguiente saliste goleador, ¿fue una pequeña revancha?
Ni hablar. Además, mi salida de Acassuso había sido un poco complicada. Nosotros ascendimos a la B y la primera incorporación que hicieron fue un 9. Y eso te da un poco de bronca. Pensaron que al venir de una categoría más abajo no iba a ser goles y nada que ver. Pero por suerte al final volví, pude convertir y termine siendo goleador.

Y pasaste a Los Andes… ¿Cómo te sentís acá?
Muy bien, lo disfruto como nunca. Para mi carrera era un desafío muy lindo jugar en un club tan grande. Además, la gente creía lo mismo. Decía: “Uh Romero hace goles en Acassuso, un club humilde, y ahora vamos a ver si anda acá”. Pero por suerte llevo 11 goles y las cosas están saliendo como todos queremos.

El otro día mirábamos distintas redes sociales y el hincha ya te adoptó como propio. ¿Percibís el cariño, ese reconocimiento?
Sí, a veces salgo a caminar por Lomas y la gente me saluda, me pide que haga goles. Y mirá que loco... Los partidos anteriores que no estaba convirtiendo me decían cuándo iba a volver marcar. No, muy contento por eso y ojalá podamos seguir así.

Uno analiza tu juego y algunos hasta se dan el lujo de compararte con Martín Palermo a la hora de cabecear. Es muy difícil que te ganen de arriba y si no pega en el palo como pasó en algunos partidos, es gol…
Es raro. Tengo goles de cabeza, pero creo que convertí más de zurda que por arriba. No llevo bien la estadística, pero sí, obviamente que como delantero tengo que aprovechar mi altura.

Todo al revés. Si sos derecho…
(Se ríe) Ja ja ja. También, medio difícil de explicar. Pero no se, tengo más eficacia de zurda que de derecha. Uno de chiquito le enseñan a pegarle con las dos piernas y es fundamental. Hoy en día, para triunfar  tenés que ser un futbolista completo.

Cuando recién te iniciaste, ¿tenías algún referente en tu puesto?
Mirá, Palermo me encantaba, pero yo me identifico más con el juego de Silvera. Es un jugador raro, que parece que no está en la cancha, pero en cualquier momento aparece y te mete un gol. Siempre lo miraba. Sabe moverse, le pega con los dos perfiles, va bien de arriba.

Y, ¿algún técnico que te haya marcado?
Muchos. De todos uno trata de sacar algo. Felipe De la Riva fue un entrenador que me enseñó mucho a marcar en el área, a defender. Antes bajaba en los córners o en los tiros libres y me ganaban siempre porque estaba mal parado. En cambio, ahora se que tengo que estar bien perfilado para ganar la posición y esas cosas. Y después Fabián Nardozza, mismo Zandona, todos los técnicos te dejan algo.

Siempre que llega fin de año se acostumbra a pedir deseos, ¿te animás a decirlos en voz alta?
Sí, por qué no. Terminar lo más arriba posible y después pensar en la pretemporada. Creo que este equipo se armo para pelear cosas importantes y no tengo dudas de que podemos conseguirlo. Si bien cuando llegue creí que íbamos a estar más cerca de la punta, hay mucho optimismo en hacer una buena segunda ronda y lograr el ascenso.


Sábado 19 de Noviembre de 2011 | Fútbol Profesional

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